martes, 1 de enero de 2013

Feliz 13. Me voy de Erasmus

Podréis pensar que se me ha ido la cabeza con el 2013 porque termina en impar, pero no, a mí que los años nuevos sean pares o impares me da igual, al menos hasta ahora es un tema que no me ha afectado. Ya tengo hecha la maleta, salgo esta noche para mi destino. Podría haber sido que no pero al final es que sí. Me lo merezco, después de estos días de encierro entre caldos, lombardas y asados.. ya es hora de dejar los vapores. He guisado tanto que es posible que todavía huela a gamba, incluso que yo misma haya adoptado la forma de gamba. Ya es hora de que cuelgue el mandil y me vaya de Erasmus. 

Me explico, no estoy desvariando, es el hijo el que se va, ¡por fin!  ¿Estás contento, que te vas de Erasmus? Sí, me contesta. En mis tiempos no había Erasmus, no sabes la suerte que tienes. Ya madre, me contesta, pero no digas, que cuando te fuiste hace unos años, fue como si te fueras de Erasmus. Sí, casi, contesto yo, sin darle la menor importancia.

Aprovechando lo que queda de vacaciones de Navidad pasaremos unos días juntos, porque él lo ha dicho claramente: en Semana Santa no vengo, que me voy a hacer una ruta con los amigos.

Y yo, como madre, le insisto: estudia, no repitas.

Vuelvo de Erasmus el 7.

viernes, 21 de diciembre de 2012

Feliz Navidad. Feliz Sanidad

 (No estoy interesado en explorar el significado de mi existencia; solo quiero saber si realmente existo)

La red, ¡ay la red!, ¡qué tramposa es! Siempre consigue salirse con la suya. Busque o no busque a veces acabo encontrando, no lo que quiero, sino lo que no andaba buscando. Internet es como un salto al vacío de dóndes y cuándos, es un no saber qué pasará a continuación. Hay tanto y tan variado que es difícil sustraerse a la tentación de dejarse llevar. Frecuentemente empiezo con una idea definida de lo que quiero y termino en algo completamente diferente, ajeno a mi interés inicial pero que llama igualmente mi atención. Cuando tengo tiempo no me importa, y si me hace reír sé que merece la pena.

Así encontré esta página cuyas imágenes psicoterapéuticas me hicieron reír muchísimo en estos tiempos en que nos quieren enfermar la Sanidad. Inmediatamente las copié porque, muy probablemente, las utilizaré en alguna clase. He hecho una selección y con ellas os deseo a todos Felices Fiestas.

Que seáis muy felices.

(¿Trastorno de apego? ¿Eso es lo mejor que se le ocurre, doctor?) Mirad el bomerang por los aires.
(Otra vez la reina desprotegida.... todavía sigues enfadado porque Mami no asistió al recital de piano de 4º grado?)
(No tiene problemas con la politica de confidencialidad?
 (No, Doctor, me temo que es su tiempo el que se ha acabado)
 (Deje de preguntarme sobre mi madre o le borro de amigos)

(Cuántas veces le he dicho que no se ponga esa maldita corbata?

(Cualquiera que sean las pequeñas técnicas catárticas que le enseñaron, Doc, párelas ya mismo.)
(Con todos mis respetos, encuentro innecesarias sus observaciones vilipendiosas sobre el "cerebro reptiliano")

(Baje dos veces por la Calle de la Aceptación y envíeme un tuit por la mañana)

domingo, 9 de diciembre de 2012

Entre alfileres.

Gracias, María

Estos son mis alfileres de colores. Ayer vino María a decirme que tenía un regalito para mí. Me parecen fantásticos. Además ha dado en el clavo: me gustan los colores y las mariposas. Utilizo mariposas grandes de colores, entre otras cosas, para adornar mis plantas. Por cierto, podría seguir hablando de plantas, pero no, da la casualidad de que anteayer estuve entre alfileres. El cubrecolchón de la cama de  mi hijo arrastraba y no había forma de pasar la aspiradora en esa habitación sin riesgo de llevarse por delante el susodicho cubrecolchón e incluso casi el colchón entero. Más que del cubrecolchón estaba cansada de mis aspavientos cada vez que se enredaba en la aspiradora. A esto le meto yo cinco centímetros y no vuelve a arrastrar en la vida, igual ni se ve pero me voy a arriesgar. 

 Cuando abrí la caja de la costura para coger alfileres, aguja e hilo -dedal no uso- encontré aquella preciosa blusa, que llevaba esperando desde el verano. Y entonces me acordé de la tía. 

Se le había descosido casi todo el dobladillo de la parte de abajo, por eso no la había vestido el verano anterior. Los veranos pasan tan rápido que no hay lugar para agujas ni alfileres. Pensaba todo esto mientras la contemplaba entre mis manos, levantada la tela al aire: era de un rosa suave, casi transparente, el tacto agradable, ligero. Resaltaban discretos unos redondeles alargados bordados en blanco por toda la parte de delante. La parte de atrás era lisa, aunque solo aparentemente, porque al movimiento se apreciaban unas ondas, unas aguas inseparables de su ser.

Puntada a puntada rehice todo el dobladillo vigilando que las puntadas no se marcaran mucho por el lado derecho. Revisé el resto. En la parte del cuello colgaba una tira de la misma tela: no me gustaba, la quité. Al remate de una de las mangas, cortas hasta el hombro, se le había ido una puntada: la cosí. Algunos hilos sobresalían breves de su bordado: los corté a ras. Volví a pensar en la tía. 

Claramente era de los años sesenta, de cuando se fue a Alemania. Recuerdo esa etapa de su vida a través de algunas fotos: la tía con sombrero y abrigo, tacón medio y unas bonitas piernas que solo se dejaban ver desde mitad de la pantorrilla. Esas fotos que solo reflejan lo superficial sin dejar traslucir ni un solo atisbo de añoranza por la patria. Esas fotos que hablan a medias y nos dejan imaginar.

Aunque la tía compartía con mi madre la afición por la costura nunca fue tan perfeccionista como ella. No, no la había confeccionado ella. Una etiqueta en alemán en el cuello - ya desgastada e ilegible por los muchos lavados- lo corroboraba. ¿Cuántas veces se habría puesto la tía aquella blusa?

Volví a levantarla al aire y revisé que todo estuviera en su sitio. Muy bien, ya estás lista para visitar a la tía.

(Gracias, María, por traerme inspiración.)

viernes, 5 de octubre de 2012

Oxímoron

Almond Blossoms (Van Gogh)

Traviesas plumas escriben,
palabras sin sentido,
cuentos incontables
al dictado de despiertos sueños.

Tristes risas juguetonas
vuelan tras el aire quieto,
lo bañan en el cauce seco,
se lanzan por columpios afilados,
caen sobre vacíos llenos.

Miel amarga, dulce hiel, sois testigo
de abrazos partidos, de falsas verdades,
de dulces lágrimas…
esparcidas por la nada.

Fríos soles de almas desalmadas
Arropaos de lunas rosas,
de noches blancas,
del rubor del alba.


lunes, 17 de septiembre de 2012

No sé, no sé...

¿Por qué las palabras se las lleva el viento?

¿Por qué las modelos no se ríen cuando desfilan?

¿Por qué hoy he dejado liso el vaquero de arrugas del hijo? 

¿Por qué dicen que Rajoy es un primo de riesgo?

¿Por qué la trompeta, que tiene un nombre muy normal o incluso basto, suena bien?
(Trom-pe-ta, trom-pe-ta, TROM-PE-TA: no me suena bien)

¿Para qué me  vale a mí septiembre si siempre suspende?

¿Por qué la luz del pasillo está siempre encendida si las compañías eléctricas ya son lo suficientemente ricas?



¿Por qué no venden regaderas sin alcachofa si al final siempre tiras de chorro?

¿Por qué los autobuses y camiones tienen volantes tan grandes? Sí, ya lo sé, por la desmultiplicación pero ¿qué demonios es eso?

¿Las teles son cuadradas para no confundirlas con las lavadoras - he leído en algún sitio?

¿Por qué es tan difícil quitar el plástico de un CD (o DVD o...), que dan ganas de tirarlo al suelo y darle tres pisotones? 

¿Por qué seguimos soportando etiquetas de la ropa en el cuello?

Y la que más me intriga: ¿Por qué cuando hago cosquillas a Alex, de cuatro años, me río yo?

miércoles, 29 de agosto de 2012

De recortes de flores y plantas



No es algo que a mí me haya llamado especialmente la atención. Me refiero a la jardinería. Pero ahora me relaja y tal y como estaban las cosas había que hacer recortes. Al llegar a casa pude comprobar que aquello que regalaba la vista con un abanico infinito de tonalidades se había convertido en una maraña de hojas secas, que crujían quejosas al tocarlas y se deshacían en mis manos al simple tacto. De la fuerza y el colorido con que las traje a casa al entrar la primavera no quedaba casi nada. Sí, digo bien, casi nada. Porque… porque igual no todo estaba perdido. Al menos había que intentarlo.

Me puse manos a la obra. Los geranios eran urgentes, parecía que no quedaba nada de ellos. Nada de aquel rojo intenso aterciopelado que tanto había llamado mi atención ni  de aquel blanco que, inevitablemente –pensé-, contrastaría elegantemente a su lado. Dos colores que perfectamente se complementaban desde el lugar que cada uno ostentaba. Nada quedaba de aquella fuerza casi rabiosa que los hacía desbordarse, majestuosos, desde todos los ángulos de su constreñido receptáculo, o sea, el tiesto. Corté, no sé si por lo sano, pero sí de raíz, y los regué llena de esperanza. Tengo que decirlo: ya hay brotes verdes.

Y después me dediqué al resto, que no fue nada, pero nada fácil. ¡Por todos los cielos! ¡Aquella planta que me dio mi madre  se había hecho con toda la jardinera, no había tenido piedad de nada de lo que la rodeaba! Entonces entendí aquello que me dijo de que no le hacía falta echar raíces antes de plantarla. ¡Por supuesto que no! Es más, tengo mis dudas de que no sea carnívora. Sus hojas crecían robustas y gigantes y además, además… había criado unos gusanos verdes que se estaban zampando a placer todas las hojas de las plantas de al lado y las había dejado convertidas en una especie de esqueleto vegetal. Ni hablar, fui a por el “hogar y plantas” y, verbalizando en alto, dije: ayer fue “hogar” –por los mosquitos que me habían acribillado”- hoy es “plantas”. Me deshice de los gusanos, que eran verdes y… ¡diantre!, lustrosos. Corté dos esquejes y puse cada uno en un tiesto: que se apañen, que esto es como lo del pez grande y el chico.

Otras se habían perdido del todo y necesitaban renovarse. Seleccioné más esquejes y los puse en agua, otros, armándome de gran valor,  los planté directamente. Introduje mis manos en la tierra de cada tiesto y la saqué para airearla y mezclarla con otra nueva. Aparecieron arañas, hormigas y probablemente otros bichos que no se ven pero están, así que no miré mucho por si aparecían gusanos y… esta parte prefiero dejarla aquí por si alguien que leyera esto fuera susceptible a los bichos, y al fin y al cabo lo importante es que el tema plantas ha quedado medianamente solucionado. 

Lo primero que hago, todos los días, nada más levantarme es ir a verlas, parece que van bien. Saldrán adelante.

Lo que he aprendido:

  • Que en el mismo espacio es mejor no mezclar plantas.
  • Que lo del grande y el chico no es aplicable solo a peces, úsese para todo.
  • Que bichos….bichos va a haber siempre.
  • Y lo más importante: que al hijo no se le puede dejar al cuidado de las plantas.



martes, 7 de agosto de 2012

Fuera desayunos



Lo voy a echar de menos. Si hay una comida que disfruto es el desayuno. Me gusta desayunar tranquila, mis tostadas, mi café…  pero lo que voy a echar de menos y era un lujo añadido es desayunar, y valga la redundancia, viendo los “desayunos” de Ana Pastor. En la última etapa los disfrutaba incluso más porque sabía que tenían los días contados. Estaba sentenciada, igual que otros periodistas comprometidos que dieran una cara de la realidad disonante con la ideología pepera. Una lástima, una verdadera lástima, aunque me complace pensar que aunque la quieran borrar del mapa, personas como ella no desaparecerán.

Disfruté muchísimo cuando entrevistó a Mahmud Ahmadineyad. Ver cómo se le iba cayendo el pañuelo sin que ella hiciera nada por evitarlo fue muy valiente por su parte. Aunque ella argumentó que la intensidad de la entrevista no la hiciera percatarse del hecho, para los que estábamos observando era difícil encajar que ese pañuelo fuera deslizándose poco a poco, mostrando, hasta destapar completamente, su negra melena. A veces incluso era complicado seguir el hilo de la entrevista porque, tostada en mano sin atreverte a darle un mordisco, no sabías si serían capaces de cortar la emisión o recurrir a cualquier estrategia para llamarle la atención.

Hay personas que valen y personas que no valen y las que valen son una amenaza para las que no valen. Por eso Ana Pastor ya no estará en los desayunos, pero el gesto de deshacerse de ella se quedará con nosotros como un emblema que nos recuerde quién somos y dónde estamos.

Dejo a continuación un poema de Wislawa Szymborska: Contribución a la Estadística, que ella tiene en su blog y me gustó cuando lo leí.

 
De cada cien personas,
las que todo lo saben mejor:
cincuenta y dos,

las inseguras de cada paso:
casi todo el resto,

las prontas a ayudar,
siempre que no dure mucho:
hasta cuarenta y nueve,

las buenas siempre,
porque no pueden de otra forma: 
cuatro, o quizá cinco,

las dispuestas a admirar sin envidia:
dieciocho,

las que viven continuamente angustiadas
por algo o por alguien:
setenta y siete,

las capaces de ser felices:
como mucho, veintitantas,

las inofensivas de una en una,
pero salvajes en grupo:
más de la mitad seguro,

las crueles
cuando las circunstancias obligan:
eso mejor no saberlo
ni siquiera aproximadamente,

las sabias a posteriori:
no muchas más
que las sabias a priori,

las que de la vida no quieren nada más que cosas:
cuarenta, 
aunque quisiera equivocarme,

las encorvadas, doloridas
y sin linterna en lo oscuro:
ochenta y tres, 
tarde o temprano,

las dignas de compasión:
noventa y nueve,

las mortales:
cien de cien.
Cifra que por ahora no sufre ningún cambio