viernes, 11 de abril de 2014

A la playa


"My life is like a stroll on the beach...as near to the edge as I can go"
Thoreau.
Resumo: siempre al borde. 
Añado: los bordes que más me gustan son los de tierra y agua. Otros bordes...quedan orillados.

Y que luzca el sol...

viernes, 28 de febrero de 2014

¿Un caso de histeria colectiva?

Todo comenzó cuando unos cuantos alumnos de segundo curso de ESO entraron en la clase al borde del síncope. Como  siempre me demoro al finalizar las clases, ellos saben que si se dan prisa, aún me encuentran en el aula y pueden dejar las mochilas para disfrutar plenamente y sin estorbos del rato del recreo.
En esta ocasión, el grupo que entró estaba muy alterado y, nada más llegar, en lugar de dirigirse a sus respectivos asientos para dejar sus cosas, se arremolinó a mi alrededor impaciente por contarme algo. Según Carla, quien empezó a hablar en un tono bastante elevado al tiempo que gesticulaba con ambas manos, había ocurrido algo de gran trascendencia que yo debería saber porque había razones de peso para pensar que iba a tener consecuencias directas, si no desastrosas, en el desarrollo de la siguiente clase, que era la mía, y como yo solía enfadarme cuando hablaban mucho, ya me avisaban de que estuviera preparada porque el asunto no era para menos. 
Mientras intentaba ubicarme en aquel drama sobre el que todos tenían alguna opinión, llamó mi atención el llanto de Cati, una alumna recién incorporada al centro que permanecía de pie a unos pasos del grupo de alumnos que me hablaba. Incontenibles lágrimas corrían por sus mejillas. Alarmada, pregunté que qué le pasaba  e hice ademán de acercarme a ella, pero los demás, hablando al unísono, se apresuraron a comentar que no era la única, que había más alumnos que habían llorado y estaban muy nerviosos, y querían saber cuál era mi opinión de todo aquello y si yo creía que era justo, porque desde luego ellos no veían la justicia por ninguna parte.
Había sucedido en la clase anterior y temían que nadie aprobaría la materia de Lengua si no se hacía algo al respecto. La profesora se había enfadado tanto que había dicho que si aquello no se aclaraba, el examen que tenían al cabo de dos días sería dificilísimo y, por si fuera poco, no pensaba darles clase en lo que quedaba de curso. Y esto último lo subrayaron como un caso insólito y sin precedentes en su trayectoria académica. Tal era la desazón que tenían.
 Cuando ya se marcharon al recreo y cerré el aula, por casualidad me crucé con la tutora. Había estado con ellos toda una hora sin terminar de aclarar el entuerto. También me crucé con la profesora, quien me expresó su malestar por lo sucedido.
A pesar de los pesares, tengo que decir que su inquietud se mezclaba con un elevado grado de excitación que les mantenía expectantes. Se trataba de una situación extraordinaria en un contexto donde habitualmente no pasa nada más que lo esperable. Me los imaginaba llegando a casa desbordados por la impaciencia de contar lo acontecido aquél día, algo que recordarían no ya por el hecho en sí, sino por las sensaciones experimentadas.
Quizá fuera por esa posible alarma innecesaria que podría alcanzar a las familias, que durante la clase se presentó el jefe de estudios, ahíto por haber subido tres pisos prácticamente de tres zancadas, para tranquilizar a los alumnos: la profesora de lengua había dicho que el examen no iba a ser difícilísimo, sería "normal", podían estar tranquilos, y además, seguiría dándoles clases de lengua.
  Y cuando acabó mi jornada me fui a casa sin saber a quién de todos ellos le había vibrado el móvil durante la clase de lengua.

sábado, 15 de febrero de 2014

Una nueva experiencia

Nunca sabes lo que te puede pasar en esta profesión y aunque me pasó a mí, no me enteré hasta un buen rato después. Tenía examen con mis alumnos de bachillerato y nada auguraba la situación desconcertante en que me iba a encontrar un poco más tarde. Tras entregar el examen a unos cuantos alumnos llegué hasta una alumna que miraba atentamente el despliegue de apuntes que tenía sobre su mesa. Antes de darle la hoja de examen le pedí que retirara todo aquello pero ella hizo caso omiso a mi advertencia y ni siquiera levantó la vista. Tras Insistir en que guardara todo, siguió en la misma posición, ni se inmutó. Mi tercera intervención fue para decirle que le iba poner un parte. Entonces reaccionó. Omito parte de su actuación. Sólo diré que salió dando un portazo.

Pasados unos treinta minutos retiré el examen de su mesa pensando que, aunque subiera, ya no le daría tiempo a hacerlo. Y todavía no entendía su tardanza. Un minuto después de sonar el timbre, cuando todavía quedaban alumnos haciendo el examen, abrió la puerta con ímpetu, recogió sus cosas y salió sin decir palabra, esta vez dejando la puerta abierta de par en par. “Esto es educación”, dije en voz alta.

Cuando tuve oportunidad pasé por Jefatura para averiguar por qué la alumna no había regresado a clase. Le habían dicho que volviera e ignoraban que no lo hubiera hecho. También pude contrastar su versión de éste y otros hechos que, de paso, había relatado sobre nuestra convivencia académica. Y de repente creí entenderlo: no quería hacer el examen ese día. Aunque pasa de los veinte, su presencia se deja sentir en cada clase, y no precisamente por su implicación en lo que allí acontece sino más bien por su interés y esfuerzo en que no le “acontezca” a nadie. Me venían a la mente todos aquellos apuntes con su letra. Eso es, había estudiado, esta vez sí, no tiene un pelo de tonta, pero no tenía claro que fuera suficiente. Ella estaba segura de que yo no dejaría de examinarla y hasta la siguiente clase ganaba dos días.

Yo estaba en una guardia y me quedaba otra. ¿Había tiempo? Sí. El Jefe de Estudios fue a buscarla y la llevó a la biblioteca. Le dije donde sentarse y le entregué el examen. Esta vez fui yo quien no la miró ni una sola vez.

Y a pesar de todo, no pude evitar sentir que había jugado con ventaja.

sábado, 4 de enero de 2014

Two thousand and fourteen words



 Two thousand and fourteen words
 (Dedicada a todo el que pase por aquí)

Rhyme, rhyming words,
cheerful rhyme and dance
dressed in sailor suits
or disguised in the solitude of the night,
two thousand and fourteen words
waiting for a ball of sea and dusk.

Hundreds of rhyming words
enjoying as they softly dance
while hiding cold shadows in the dark
while waking the echo of the sea sand
whispering verses to the far away stars.

Two thousand and fourteen words
leaving neverending rhyming verses behind.
 
Hoy me he sentado al calor de mi mesa camilla toda decidida a escribir algo y después de varios intentos que si en castellano que si en inglés, ha sido la poesía la que me ha llevado de la mano. Pido disculpas si hay errores en mi lengua inglesa. Hay que tener en cuenta que no soy bilingüe y estoy en proceso de aprendizaje permanente. Ya necesito curso de verano. A ver si me toca.

martes, 31 de diciembre de 2013

Lo dijo Blas, punto redondo.


(Foto de Internet)
Voy a desearos una feliz salida y entrada de año con un poema:

SERENIDAD 
(Blas de Otero)

Serenidad, seamos siempre buenos
amigos. Caminemos reposada-
mente. La frente siempre sosegada
y siempre sosegada el alma. Menos

mal que bebí de tus venenos,
inquietud, y no me supiste a nada.
El aire se serena, remansada
música suena de acordes serenos.

No moverán la hoja sostenida
con mis dedos, a contra firmamento
en medio del camino de mi vida.

Vísteme de hermosura el pensamiento,
serenidad, perennemente unida
al árbol de mi vida a contra viento.


A mí me parece un poema precioso. Que el 2014 venga cargado de serenidad, y que la serenidad nos lleve a la reflexión y a la paz para todos.

lunes, 23 de diciembre de 2013

Paseos de Navidad

Salí a disfrutar del sol radiante de la mañana dispuesta a hacer algunos kilómetros a paso ligero. Armada  con el móvil, que contara mis pasos,  busqué en el MP3 mis listas de reproducción pero, desgraciadamente, aquello no funcionaba. Los de Samsung deben de programar la obsolescencia de sus dispositivos para que no duren más de tres años. Me ha pasado a mí, entre otros. Solo funcionaba la mitad izquierda, la parte derecha había quedado paralizada en una especie de ictus tecnológico. Ya sabéis, quedaos con el nombre, SAMSUNG. 
Como compensación, la radio había quedado sintonizada en un punto donde, en ese momento, emitían un programa de jazz que encajaba perfectamente con el paisaje. El efecto de la música, solo interrumpida oportunamente para introducir una nueva pieza o comentar la grandeza de su creador, me hizo cambiar de idea y poco a poco aminoré la marcha para centrarme principalmente en lo que se me presentaba ante la vista. 
Era uno de esos días resplandecientes de invierno en que el sol te alcanza como una caricia y mi piel lo recibía ya a un paso sosegado. Pese a lo espectacular de la mañana, apenas se veía un alma por el parque. Me acerqué al lago para ver los patos. Están tan sobrealimentados que me pareció que la población de ánades había aumentado desde la última vez que aparecí por allí. Esquivando la fría sombra, tomé el sendero que bordeaba el lago, incomodando de cuando en cuando a los pacíficos patos, que disfrutaban del sol fuera del agua y que, al sentir mi presencia, quejosos izaban el vuelo para dejarse caer con delicadeza sobre el agua. 
A cada tramo del recorrido se abría un nuevo camino que revelaba nuevas imágenes por explorar.  Y fotografié caminos. 
Hasta los árboles se veían bellos al transparentarse sus esqueléticas y rígidas ramas sobre el fondo azul del cielo.
Los tonos ocres de las hojas que antes los habitaban, daban color y moteaban con variadas formas el terroso suelo, y las zonas más umbrías, pese a lo entrado de la mañana, aún mostraban restos de hielo, lo que corroboraba el frío de la pasada noche invernal.
 
Pasé por unos columpios. Unas barras paralelas me recordaron la época en que me dejaba colgar de una barra para luego levantarme de un impulso y  pasar a la otra. Llegué a un árbol que aún no había perdido las hojas y tomé algunas bolitas de sus ramas con el fin de plantarlas posteriormente.
 
Ya hacia el final del camino, llegué a una gran catarata artificial y me paré a escuchar el rítmico y vivo sonido del agua, que ahora se mezclaba con la música. Muy cerca, una especie de plataforma se adentraba en el lago. Me acerqué hasta el borde para visualizar todo el conjunto. La voz del locutor al despedir el programa me pilló tan desprevenida que casi me caigo al agua.

Es uno de los mejores ratos que he pasado últimamente así que es mi forma de deciros

¡Feliz Navidad!

domingo, 15 de diciembre de 2013

Mis primeras clases....de MAE

Foto de la web al estilo de Luis Antonio.
La Orden 3320-01/2007, de 20 de junio, por la que se regula para la Comunidad de Madrid la implantación y organización de la Educación Secundaria Obligatoria, establece en el Artículo 5.5 que todos los alumnos recibirán en cada uno de los tres primeros cursos enseñanzas de religión o atención educativa. El Artículo 9 de la misma Orden establece las directrices sobre la Atención Educativa para los alumnos que no reciben enseñanza de religión. Dicho con mis propias palabras:

- La enseñanza de religión tiene el mismo tratamiento que el resto de materias y las clases de MAE (Medidas de Atención Educativa) se deben dar de forma simultánea a las enseñanzas de religión.

- Las clases de MAE estarán orientadas a la “comprensión lectora” y al estudio dirigido, en ningún caso se impartirán contenidos de las materias de la etapa; las actividades realizadas no se evaluarán ni constarán en ningún documento de evaluación del alumno.

Expuesto lo anterior, me las prometía yo muy felices cuando a principio de curso me comunicaron que impartiría un desdoble de inglés de 4º de ESO. Una clase de 15 alumnos, aunque sea una vez a la semana, puede ser una experiencia muy gratificante y una oportunidad para cambiar de registro en cuanto a las actividades a realizar en el aula. Pero donde hay patrón no manda marinero y al final me lo cambiaron por una MAE de 3º de ESO. Los desdobles de inglés han pasado a la historia, si acaso uno, que simbólicamente recuerda que hubo un tiempo en que existieron.

¿Qué se puede hacer con alumnos que saben que no se les va a evaluar y a los que no se puede enseñar ningún contenido relacionado con el currículo de la etapa? Difícil pregunta. Desde luego los comienzos no fueron fáciles y eso que, en principio, no me desagradaba el hecho de impartir una materia diferente al inglés pese a la mala prensa y las dificultades que había escuchado de algunos de mis compañeros.

El primer día, confirmando prejuicios, los alumnos entraron en clase como elefantes en una cacharrería: dando voces, arrastrando mesas y sillas al sentarse y soltando las mochilas encima de la mesa sin ninguna intención de mover un dedo en lo que al aspecto académico se refería. Hablaban y se movían por el aula pretendiendo ignorar mi presencia, alguien a quien no conocían de nada y que les iba a dar clase una hora a la semana de una materia que no se sabe bien qué es ni se puede evaluar. Una juerga de clase va a ser esto, me estaban diciendo entre líneas. Los observé durante un rato, convencida de que, de momento, cualquier intento de ganarme su atención actuaría en sentido contrario a lo esperable. Decidí sentarme y esperar, inquieta tras una tranquilidad aparente. 

Durante los siguientes días ambas partes tanteamos el territorio. Yo me mantuve seria, lo que dio lugar a que ellos me reprocharan mi actitud y yo a ellos la suya. Cuando llegaban tarde, puntualmente anotaba sus retrasos. Siempre tenían alguna fantástica excusa que involucraba a algún profesor y, como no era uno ni dos, sino que los retrasos a veces se producían "en masa" , no dudaba yo en hacer las averiguaciones pertinentes que corroboraran o desmintieran aquellas historias que me contaban.   Cayó un parte, y otro, pero poco más. Un día descubrí que a Carlos se desenvuelve muy bien en  inglés, me entiende y me contesta sin titubear cada vez que le pregunto, aunque tiene toda la pinta de ser un fracaso escolar. Enrique, que pertenece al programa de Diversificación Curricular, me lo cuestiona todo y, si me descuido, no deja meter baza al resto de la clase, así que le he movido unos asientos atrás para que tenga conciencia de que en la clase no está él solo. Mucho mejor ahora. A Alberto le molesta infinito que otros hablen, yo me enfade y diga: “se acabó, ya no lo cuento”. Yo le doy las gracias a Víctor cuando me entrega el parte para que pase lista y él me da las gracias cuando yo se lo devuelvo posteriormente.

El grupo es muy diverso en cuanto a conocimientos, habilidades y actitud, por eso es importante variar las actividades y, sobre todo, no perder la paciencia. Con tiras y aflojas hemos leído, hemos comentado vídeos... pero, desde luego, lo que más les gusta es debatir.

Ahora, ya vísperas de Navidad, estamos viendo una película. Se lo tenía prometido. El último día entraron en silencio, mantuvieron el orden mientras pasaba lista y aunque ellos esperaban una película de tiros o de zombis, es lo que les gusta, se tuvieron que conformar con El Mercader de Venecia. 

Oh, my God, qué problemas me está dando este año a mí la dichosa Religión!