
Se llama Patricia y la conozco desde hace casi dos años. Cuando hoy he pasado lista y los alumnos me han dado mil explicaciones sobre su ausencia lo he entendido todo: ayer, sin que yo me enterara -porque a veces no me entero de nada- se había despedido de mí.
El día anterior, en cuanto me vio entrar en clase, se había acercado para decirme que ese día no quería ir con el grupo de la auxiliar de conversación. Nunca había puesto ninguna pega al respecto -de hecho les encanta a todos- así que, sin alcanzar a saber por qué, le dije que vale, que se quedara con nosotros, pese a que ya había hecho la actividad la semana anterior.
Teníamos lectura en la biblioteca, pero antes de empezar a leer, para que se engancharan a la historia, quise que se familiarizaran con los personajes y que vieran un breve vídeo en inglés. Patricia estuvo todo el tiempo ayudándome hasta que preparé todo. Todo normal, o anormal, porque visto en la distancia solo participó una vez, el resto del tiempo permaneció callada, algo inusual en ella.
El día anterior, en cuanto me vio entrar en clase, se había acercado para decirme que ese día no quería ir con el grupo de la auxiliar de conversación. Nunca había puesto ninguna pega al respecto -de hecho les encanta a todos- así que, sin alcanzar a saber por qué, le dije que vale, que se quedara con nosotros, pese a que ya había hecho la actividad la semana anterior.
Teníamos lectura en la biblioteca, pero antes de empezar a leer, para que se engancharan a la historia, quise que se familiarizaran con los personajes y que vieran un breve vídeo en inglés. Patricia estuvo todo el tiempo ayudándome hasta que preparé todo. Todo normal, o anormal, porque visto en la distancia solo participó una vez, el resto del tiempo permaneció callada, algo inusual en ella.
Y es que Patricia es una niña gitana, bastante difícil, porque nadie le ha puesto límites, pero eso no quiere decir que no sea buena persona. Su futuro más inmediato es cumplir los 15 años para poder ser derivada a un PCPI, si hay plaza, y estudiar peluquería. Fui su tutora el curso pasado y, como ya la conocía y nos entendíamos bien, pedí que repitiera curso conmigo. Desde que empezó en el instituto ha cambiado mucho: de tener un montón de partes y ser una alumna absentista, habíamos pasado a tener muy poquitos - sólo con algún profesor y casi siempre el mismo- y habíamos alcanzado un pacto de no faltar a no ser que fuera de forma justificada. Lo estaba cumpliendo a rajatabla, ¡a rajatabla!
Hace un tiempo me dijo que se cambiaba de domicilio, que dejaba el centro, incluso la ayudé a cumplimentar algunos papeles. Como pasó el tiempo sin que volviera a mencionar nada no terminé de creerlo. Ayer, cuando terminó la clase me entregó una hoja de color azul y dijo: toma, para que te acuerdes de mí, y los demás también. Lo guardé en la carpeta y lo leí más tarde. Iba dirigido a sus compañeros. Con todas las faltas de ortografía del mundo les decía que los echaría de menos y que esperaba que ellos hubieran disfrutado al compartir muchos ratos con ella porque para ella así había sido. Supongo que para compensar esa parte blandengue, a continuación arremetía contra el centro, decía que se alegraba de irse, y que ya lo entenderían sus compañeros cuando llevaran dos años, como ella.
Lo anterior ocupaba unas líneas en la parte superior. El resto de la hoja estaba cubierto con el nombre de todos y cada uno de sus compañeros. En el centro, un corazón llamativamente rojo.
Hoy la he llamado a todos los teléfonos que tengo, cuatro nada menos, pero, o ya no existen o no admiten llamadas entrantes. Mañana lo volveré a intentar y transmitiré el mensaje a sus compañeros.
Lo anterior ocupaba unas líneas en la parte superior. El resto de la hoja estaba cubierto con el nombre de todos y cada uno de sus compañeros. En el centro, un corazón llamativamente rojo.
Hoy la he llamado a todos los teléfonos que tengo, cuatro nada menos, pero, o ya no existen o no admiten llamadas entrantes. Mañana lo volveré a intentar y transmitiré el mensaje a sus compañeros.
